Mostrando las entradas con la etiqueta Sócrates. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Sócrates. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de diciembre de 2019

Crátilo: pensamientos sobre el diálogo de Platón.


En Crátilo, la cuestión inicial tiene que ver con la exactitud de los nombres. El punto clave es el de la reflexión filosófica del lenguaje y su relación con la realidad, buscando comprender de qué modo los nombres que se dan a las cosas por los seres humanos están en relación con dichas cosas, y qué tanto pueden dar cuenta de ellas.

Podemos considerar el diálogo dividido en tres partes: en la primera se discute la naturaleza de los nombres, esto es, si son fijados por naturaleza o por convención. Para Sócrates, la respuesta es la primera opción, por lo que critica de forma directa la teoría convencionalista. Si se acepta que el lenguaje es una convención, se está sujeto a un núcleo social para realizar el consenso. Es de resaltar la contradicción que sostiene Hermógenes, para Sócrates, al afirmar que lo correcto es el nombre que cada uno ponga a las cosas, pues convención hace alusión a acuerdo, y el acuerdo requiere de dos o más partes, por lo que no es posible hacer una convención de forma individual. La segunda parte busca comprender la relación de estos nombres con la realidad que representan, a saber, qué tan exactos conservan la realidad. Para ello establecen un análisis etimológico de los términos que se usan en la mitología de Homero, en especial de los nombres. Estudian cuánta relación guardan los nombres con la personalidad de los dioses, concluyendo que los nombres pueden dar cuenta de la forma de ser, del modo de pensar, de actuar y de reaccionar, pero también del modo en que los dioses se relacionaban con la naturaleza, en el caso de Artemisa y Zeus; cómo se relacionan con la sabiduría, en el caso de Atenea, y cómo manifiestan los sentimientos y las pasiones, en el caso de Eros y Afrodita. 

Frame. Dracula's Daughter, 1936, Lambert Hillyer

La tercera parte del diálogo pretende determinar de dónde surge el lenguaje, comprendiendo luego que no tiene una causa material, pues es producto del pensamiento, y siendo así, algo o alguien debió haber pensado los nombres de las cosas, siendo, para Sócrates, los primeros hombres que, en este caso, serían los dioses griegos (Platón, 1983). Para éste, el legislador determina de forma natural los nombres primarios de donde surgen los demás nombres."(…) se hablaría lo más bellamente posible cuando se hablara con nombres semejantes en su totalidad o en su mayoría [a la realidad] -esto es, con nombres apropiados- y lo más feamente en caso contrario." (Platón, 1983, p. 453). En el momento en que Sócrates plantea la idea de los nombres primarios, aparece la teoría de la mimesis, que se aplica no solo a la discusión del lenguaje, sino a las cosas del mundo, como el arte.


Esto me recuerda a la pintura de Magritte, Ceci n’est pas une pipe, pues en el cuadro se observa claramente una pipa, pero la denuncia está en que lo observado es un cuadro de una pipa, por ende, no es una pipa. De la misma forma se discute en Crátilo, contrastando primero la realidad y los nombres, y segundo, en caso de no poder hablar, la realidad y la capacidad de gestualizar para representar la realidad. En ambos casos se está imitando, por lo que queda clara la distinción entre objeto, imagen del objeto y nombre del objeto. Sucede lo mismo para el recuerdo del objeto. Para ilusrar esta cuestión presento otro ejemplo: el artista Joseph Kosuth y sus famosas fotografías One and three chairs, One and three lamps, en los que plantea los diversos modos de entenderse con la realidad y el lenguaje. Por un lado está el objeto (silla o lampara), y por otro lado tenemos la fotografía de estos objetos, así mismo un recuerdo de ellos, y tenemos también el nombre, la definición, la idea de silla y lampara; se comprende que el objeto está tanto en la realidad, como en la fotografía, como en la definición y en el nombre, y se entiende más aún que no es en esencia ninguno de estos.

 Joseph Kosuth, One and three chairs, 1965.

La formulación etimológica, junto con el significado que estos objetos adhieren a los términos, conforman en conjunto la exactitud y precisión que tiene un nombre al intentar expresar una cosa. Sin embargo, siempre hay algo de los objetos que se queda fuera del alcance del nombre, dicho algo es el ser en sí, y este ser, entendido por Sócrates, está en movimiento. Así que el nombre representa algo de la realidad que fue captado por el legislador, que al momento mismo de ser captado se convirtió en una imagen en reposo, pero que mantuvo su curso. Por ende, es imposible que el legislador tenga un conocimiento completo de la realidad, por lo que la realidad se aleja del sujeto. Una vez captado algo, éste se aleja (Platón, p. 352). 

Cuando Bacon se refiere al problema del lenguaje en su Novum Organum, toma una postura de rechazo frente a éste. Su punto de partida está en asignarle al lenguaje la culpa de errar en nuestra experiencia de las cosas. Explica, en el aforismo 59 del libro primero, que los más peligrosos de todos los ídolos, son los del foro, que llegan al espíritu por su alianza con el lenguaje (Bacon, 1984, pp. 48-51). Y es que concibe que el lenguaje modifica la realidad, tergiversándola, por lo que esta idea convierte a las palabras en antesala de la experiencia del mundo y, además, en algo exclusivamente íntimo.

 Joseph Kosuth, One and three lamps, 1965

Estas discuciones encuentran en la filosofía moderna modelos de análisis como el de Frege (1848-1925), quien en el texto Sobre sentido y referencia realiza una reflexión sobre la verdad o falsedad de los enunciados. Allí infiere que el significado no se halla inmerso solo en el valor veritativo, sino también en el sentido de un enunciado y de la referencia de éste. Frege entiende por significado un conjunto de pensamientos que se encuentran dilucidados mediante el significante. Estos pensamientos a los que se refiere el autor están compuestos de sentido y les corresponde una referencia; es decir, el significado se compone tanto de sentido como de referencia. Para que cumpla con esto, Frege escribe que el enunciado, toda vez que emplee un signo, debe dar cuenta de una referencia, de lo contrario incurre en una imperfección del lenguaje. El signo es cualquier designación que represente un nombre propio, cuya referencia sea un objeto determinado, pero no un concepto ni una relación.

Además, todo enunciado debe tener espacio y tiempo, siendo crucial para entender el significado, pues no está aislado ni dividido; de tal forma que enunciados adverbiales de espacio y tiempo, así mismo como enunciados condicionales, nominales y calificativos, pueden ser tomados como nombres propios. Esto lo podemos comprender en tanto que un pensamiento no se encuentra por sí solo en una oración subordinada en la que el nombre propio es reemplazado por un pronombre, por el contrario, el pensamiento se encuentra en la unión de oración principal y oración subordinada, como también en el enunciado antecedente y el enunciado consecuente. La doble relación establecida por Frege muestra que los puentes de análisis sobre el lenguaje y la realidad están construidos por largos trechos de discusiones fructíferas. Actualmente, la filosofía del lenguaje ha entrado en relación con otras ramas del saber como la filosofía de la mente y la filosofía de la ciencia, pero no cabe duda de que el diálogo de Crátilo se ha conservado como uno de los más grandes pilares, junto a las reflexiones de San Agustín sobre el tema, por dar otro ejemplo, de las actuales formas de reflexión sobre la relación epistémica entre lenguaje y realidad.

Referencias bibliográficas

Platón. (1983). Diálogos II: Crátilo. Madrid: Editorial Gredos. pp. 339-461. 
Bacon, F. (1984). Novum Organum. Madrid: Sarpe

jueves, 13 de septiembre de 2018

Platón


Platón, sin duda una de las figuras más importantes y significativas del bagaje histórico de la filosofía, nació en Atenas en el año 427 a. de C; murió en el año 348 a. de C. Fue, además de discípulo, uno de los más fieles recopiladores y reproductores del pensamiento de su maestro Sócrates, a quien dedica parte de su escritura filosófica. Ejemplo de esto es el dialogo Apología de Sócrates, en la cual narra el juicio en contra de Sócrates, en donde se decide condenarlo a muerte por cicuta (Ver entrada sobre Sócrates).
Busto de Platón, Pieza del siglo IV d.C. Copia romana de un original griego. Museo Pío-Clementino del Vaticano, Tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Plat%C3%B3n

El pensar filosófico de Platón se encuentra encaminado hacia la reflexión de temas como el ser, la moral y la ética, la política, la teoría del conocimiento y el alma. Los aportes más significativos de su pensamiento se encuentran en su teoría del mundo de las ideas. Plantea que existen cosas corpóreas e incorpóreas, que ambas son (de manera distinta) captadas y comprendidas por el ser (el cual entiende como todo aquello capaz de sentir, actuar y experimentar). Entre las cosas incorpóreas, se tiene la virtud, idea que ocupa un lugar importante en sus escritos.

En varios de sus diálogos, se plantea la pregunta por el modo de alcanzar la virtud. Para ello, Platón sostiene la necesidad de alcanzar principalmente el bien y la justicia. Además, dice que para alcanzar el bien, es necesaria una mezcla equilibrada de placer e inteligencia, y que cualquier exceso en alguno de los polos es imperfección. Platón establece la existencia de cinco grados del bien, en el primer grado se encuentra la moderación; en el segundo grado, la proporción; en el tercer grado, la inteligencia; en el cuarto grado, las opiniones rectas, la ciencia; y en el quinto grado los placeres puros.

Rafael Sanzio, (1483-1520). La escuela de Atenas.

La concepción política de Platón se encuentra influenciada por el periodo político que vivía Atenas; consideraba que hay hombres que nacen para gobernar y otros a quienes hay que reforzar con educación, mediante la cual es posible también enseñar la justa medida de las cosas. Como mencionamos, la concepción de los dos mundos de Platón es una de sus aportes más significativos; esta teoría afirma que existen dos realidades separadas, que se diferencian y se contraponen entre sí: realidad de los objetos y realidad de las ideas.

En el mundo de los objetos se encuentran todas las cosas que conocemos en un estado de mutabilidad, apariencia, imperfección, posibles y accesibles a nuestros sentidos. En su estado opuesto está el mundo de las ideas, que para Platón era el mundo de las cosas originales, inmutables, perfectas y superiores; este es el mundo real, en el cual se encontraba el verdadero ser y la realidad absoluta. Esta postura se complementa con la idea de que el conocimiento solo es posible por medio de la razón, que es el único medio para alcanzar a los seres inmateriales. Por medio de la razón se alcanzaba entonces el grado máximo de conocimiento, el cual, a su vez, se encuentra en el hombre de manera innata, pues lo trae consigo del mundo de las ideas; así, el alma, por medio de reminiscencia, conoce los objetos que le rodean.

La filosofía, como disciplina, se encuentra para Platón en el mayor escalafón, de tal manera que son los filósofos quienes pueden gobernar una Ciudad-Estado, pues el perfil del filósofo es equilibrado y apto para conocer las medidas justas y alcanzar la virtud. 


Además de los grados del bien, Platón divide el alma en tres partes, a saber: alma racional, alma irascible y alma concupiscible. El alma racional se encuentra relacionada con el cerebro, guiada por la razón, siendo por ello prudente. El alma irascible está relacionada con el corazón, cuya guía conduce al guerrero con fortaleza; y el alma concupiscible, relacionada con el abdomen, y significa templanza. La teoría de las ideas es en sentido estricto sobre las formas. Platón entiende el bien y la justicia como dos tipos de formas. 

En el libro VII de la República, Platón narra el mito de la caverna, en el que intenta demostrar la validez de cuanto ha expuesto. Plantea que dentro de una caverna oscura hay unos hombres encadenados, orientados hacia la pared del fondo de la misma. En el lado opuesto, y de espalda a ellos, hay una entrada, por la que penetran los rayos del sol que proyectan la luz y las sombras sobre el fondo. Platón nos explica que la realidad auténtica para los encadenados serían las sombras que ellos han visto durante toda su vida proyectadas sobre la pared, y que si uno de ellos fuera liberado de las cadenas y viera los rayos del sol, daría cuenta de que la realidad no son las sombras sino aquello que se interpone entre la pared y la luz que penetra por la entrada.


Sappho and Alcaeus, (1881), Lawrence Alma-Tadema. Tomado de: https://en.wikipedia.org/wiki/Sappho_and_Alcaeus#/media/File:Sir_Lawrence_Alma-Tadema,_R.A.,_O.M._-_Sappho_and_Alcaeus_-_Google_Art_Project.jpg

En el caso que intentara explicar todo ello a los encadenados, éstos, posiblemente, creerían que, a raíz de su liberación, se había vuelto loco. Haciendo un paralelismo de todo ello con la vida del ser humano, Platón quiere dar a entender que el mundo que captamos a través de los sentidos es como las sombras que ven los encadenados. Solo el alma sería capaz de ver la autentica realidad, como así le ocurrió al que fue liberado de sus cadenas. El alma nos libera, pues, de la apariencia a la que nos tienen sometidos los sentidos. El conocimiento es, por tanto, una liberación de este mundo, el de los sentidos, y nos sitúa en el ámbito de la auténtica realidad: el mundo de las ideas.


Apotheosis of Homer, (1827), Jean Auguste Dominique Ingres. Tomado de:  https://es.wikipedia.org/wiki/La_apoteosis_de_Homero

En su dialogo el Banquete, se nos habla de la belleza, el amor y el eros. En este banquete aparece la figura de Diótima de Martinea, quien tiene una conversación sobre la naturaleza del amor con Sócrates. Se nos describe a Eros como un cazador; también se define al amante como aquel que siente deseo y al amado como aquel que desconoce el deseo del amante hacia él. Esta relación entre amado y amante es de carácter pedagógico. En este diálogo, uno de los comensales, Aristófanes, plantea el mito del andrógino; Eriximaco plantea el Amor Physis. Algunas de las conclusiones del diálogo conducen a que el amor es una manía, que Eros es un dios guiado por una locura divina; que el amor se da en una relación de pederastia. Sin embargo, en otro diálogo escrito por Platón, Fedro, se nos indica que la manera para conocer el amor es mediante el conocimiento del alma humana.

En el Banquete, además, se habla de los escalones de Eros, niveles de ascendencia: primero, el cuerpo; segundo, el alma; tercero, las leyes; cuarto, las costumbres; quinto, la ciencia; sexto, la idea de belleza. De estos escalones se comprende que de lo sensible se asciende a lo inteligible. Existen, además, dos tipos de Eros: Eros Uranio y Eros Pandemos; del mismo modo, dos tipos de Afroditas: Afrodita Urania y Afrodita Pandemos. Cada Eros tiene cualidades contrapuestas al otro, en el caso del Eros de Afrodita Pandemos se caracteriza por ser ordinario, vulgar; el amor de este Eros es hacia el cuerpo y no hacia el alma, se inclina a dar amor a los menos educados (recordemos que el amor en esta época de Atenas se caracteriza por una relación de pedagogía). El Eros de Afrodita de Urania es el eros del amor de los mancebos, masculino, y se inclina a amar a los más fuertes por naturaleza. De tal manera que el amante educa al amado.


Referencias bibliograficas

Platón (1981). Diálogos. I. Apología. Madrid, Gredos.
___________. Diálogos. III. Fedón. Madrid, Gredos.
___________. Banquete. Madrid, Gredos.   
___________. Diálogos. lV. República. Madrid, Gredos.