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jueves, 21 de diciembre de 2017

Georg Simmel: Neurosis, anonimato e indiferencia en la Metrópolis


La modernidad significa muchas cosas, y su advenimiento y su avance pueden evaluarse empleando diferentes parámetros.

Zigmun Bauman.



Todo trabajo académico que se precie de estar bien fundamentado necesita ante todo de ciertas aclaraciones, sea respecto a su temática o sobre el método utilizado. Teniendo esto en cuenta, empezaré primero por exponer el tema –reconocido para todo aquel que haya trabajado la obra de Simmel- referido a los análisis de la metrópolis, relacionándolo a su vez con la interpretación de las diversas transformaciones acaecidas en la mentalidad de los individuos en la sociedad moderna, esto es, respecto a sus modos de pensar y desenvolverse en el mundo. 

Edward Hopper. Chop suey, 1929

Algunos de los rasgos distintivos de la modernidad que detalla Simmel en sus escritos sobre la metrópolis tienen que ver principalmente con la constante tensión nerviosa del individuo; una hipersensibilidad al contacto próximo; el anonimato y la indiferencia total. Si nos adentramos en estos aspectos, entonces podríamos situar los análisis de Simmel dentro de lo que hoy conocemos como la corriente analítica de la microsociología.


Edward Hopper. Cape cod Morning, 1950

 Enlace para leer el texto completo aquí. 


Martin Slattery


martes, 4 de julio de 2017

La conducta blasé


New York Movie, (1939), Edward Hopper.

Parece existir una frágil distinción y a la vez una estrecha relación entre lo que consideramos un mundo objetivo (aquel de la economía monetaria, de la fluidez del dinero, del comercio anónimo, de la especialización del trabajo, del ordenamiento jurídico, de las estructuras religiosas, de las redes de información, de las cooperaciones internacionales, entre muchas otras) y un mundo subjetivo (el del ámbito personal, de las emotividades de cada sujeto [condicionadas en mayor o menor grado], del pasado en recuerdos de espacios, de los proyectos individuales, las desgracias personales, de la pequeñez con que el pensamiento reduce la realidad, de ver lo social desde el lugar que se ocupe en él). Estos mundos entran en contacto por medio de diversas formas de interacción natural y social.

Frame. 
Berlín. Die Sinfonie der Großstadt Symphony of a Great City. (1927). Walter Ruttman.

En esta distinción/dependencia aparece una tensión que se manifiesta en ciertas sensaciones; en saber que algo mayor está por fuera, en que fuerzas externas guían al être humain por caminos laberínticos, envueltos en una maraña de diversidad, perdidos en calles extrañas, acusados por la seducción continua de estímulos que permean los ámbitos de expresión humana. El escenario por excelencia de tal condición es la metrópolis: “El horrible, hermoso, repugnante y magnífico desparramamiento de la gran ciudad." (Mills, 1977, p. 29).

Frame.
Schindler list. (1993). Steven Spielberg

Allí, la interacción entre sujetos queda reducida a una relación de indiferencia y, en medio de estas condiciones insoportables de diversidad, se origina la necesidad de encontrar reconocimiento. Estos estilos de vida son característicos de lo que podemos denominar la conducta blasé. Gianfranco Bettin escribe que la esencia de la actitud blasé reside en la insensibilidad hacia toda distinción. El significado y diverso valor de las cosas, y por consiguiente las cosas mismas, se perciben como no esenciales, y ningún objeto merece preferencia respecto a otro, convirtiéndose ello en el fiel reflejo subjetivo de una completa interiorización de lo canjeable y efímero.

Frame.
The silence. (1966). Ingmar Berman.

El arte no es ajeno a las dimensiones enunciadas. Este campo, utilizando la denominación de Pierre Bourdieu, es también afectado por la mercantilización y por la producción en masa de pinturas, filmes, obras musicales y esculturas, entre otras expresiones. Así, por ejemplo, los significados de las pinturas se normatizan mientras el ámbito subjetivo queda relegado, dando ello nuevas formas de expresión, cada vez más numerosas, iguales en importancia, abiertas a muchas interpretaciones o a ninguna. Cualquier fundamentación que pueda explicarlas a todas queda descartada; y aquí es necesario aclarar que no convenimos en un nihilismo, ni en una era del vacío o líquida, además que mitigamos concepciones como posmodernidad o denominaciones como sociedad del cansancio, pues habría que detenerse en ellas y analizar sus detalles frente al mundo.

Frame.
The silence. (1966). Ingmar Berman.

Como vemos en la primera imagen, el cuadro de Hopper, la expresión de la soledad puede conocerse en la multitud, en la infinidad de objetos que pueden llegar a ser considerados arte, en la basura misma. La conducta blasé se convierte en un atributo del ser humano de la urbe, una condición que constantemente recuerda dos temas que contemplan siempre la constitución misma del individuo: la angustia y la fatalidad. 
Frame.
Eraserhead. (1977). David Lynch.


Referencias bibliográficas.

Bettin, G. (1982). Los sociólogos de la ciudad. España: Ed. Gustavo Gili. S.A. 

Wright, M. (1977). La imaginación sociológica. Colombia: Fondo de Cultura Económica.