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lunes, 21 de mayo de 2018

El contexto de la modernidad instrumental: Theodor Adorno


Estudiar la concepción de la modernidad instrumental supone un doble estudio contextual. Esto quiere decir que, por un lado, debemos considerar la realidad histórica que propicia su formulación y, por el otro, conocer las condiciones intelectuales de formación en que, quienes la acuñaron, la plantean. En este caso, tal concepción se consolida en medio de una serie de estudios que se integran bajo la conocida Escuela de Frankfurt. La modernidad instrumental está ligada a múltiples construcciones teóricas, como por ejemplo la industria cultural, denominación planteada en la Dialéctica de la Ilustración (Adorno & Horkheimer, 1998), una de las obras más importantes de la teoría crítica de la sociedad. Con el fin de delimitar nuestro tema y no caer en imposibilidades de exposición, nos centraremos en aspectos generales de este doble estudio contextual referido a Theodor Adorno, pues estudiar su vida es casi al mismo tiempo estudiar el conjunto de intelectuales que profundizan en el estudio de la modernidad o racionalidad instrumental de Occidente, que posteriormente se conformará como una Escuela. Afectada por el periodo de posguerra, ésta integra distintas teorías (entre ellas el psicoanálisis y el marxismo) y los postula en teorías unitarias para la explicación del sistema capitalismo moderno y de la industrialización.

Liubov Popova, Arquitectura pictórica, 1918, Óleo sobre lienzo. 45 x 53 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid 

Rolf Wiggershaus, en su obra sobre La Escuela de Frankfurt escribe:

Theodor Wiesengrund […] llegó al mundo el 11 de septiembre de 1903 en Fráncfort del Meno. Su padre, Oscar Wiesengrund, un judío alemán, que se convirtió al protestantismo más o menos en la época del nacimiento de su único hijo […] era propietario de un negocio mayorista de vinos que existía en Fráncfort desde 1822. La madre, de nombre soltera María Cavelli-Adorno della Piana, era católica, y descendía de un oficial francés de la nobleza corsa (2009, p. 89).
Adorno tuvo una infancia y primera juventud marcada por la música (Wiggershaus, 2009). Según Wiggershaus, fue Siegfried Kracauer el que educó a Adorno en la teoría y en el conocimiento filosófico, quien más tarde sería parte de los fundadores de la Escuela de Frankfurt. Adorno leyó la Teoría de la novela escrita por Lukács, que causó gran impacto sobre su concepción del arte y la literatura. Leyó a Simmel y a Max Weber, quienes configuraron gran parte de sus análisis y diagnósticos de la realidad que vivía. Otro gran intelectual que lo influenció fue Ernst Bloch; así, pronto comenzó a escribir sobre estética y crítica literaria. En 1924 conoce al músico Alban Berg en Viena, convirtiéndose en su discípulo por su marcada admiración hacia él (Castañeda, F., Fernández, J., Jacobsohn, p. 459).
  

 Liubov Popova, Arquitectura pictórica, 1918, Óleo sobre lienzo. 45 x 53 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
 
Cuando el nazismo irrumpió en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Adorno es obligado a viajar y exiliarse en New York. En 1941 viaja a California y se encuentra con Horkheimer, comenzando a trabajar en distintos textos por los que serán reconocidos en el ámbito de la filosofía. A partir de 1960 se dedica al Instituto y a sus clases en la universidad de su natal ciudad, donde inspiró movimientos juveniles, tal como lo hizo Herbert Marcuse. Adorno muere en 1969 mientras escribía su obra de teoría estética; publicó a lo largo de su vida múltiples ensayos sobre la industria cultural, el arte y la literatura, entre ellas encontramos: Minima Moralia; Dialéctica negativa. La jerga de la autenticidad; Dialéctica de la ilustración (junto a Horkheimer); Kierkegaard. La construcción de lo estético; Teoría estética y Notas sobre literatura

 Iván Kliun. Composición, 1917, Óleo sobre lienzo. 88 x 69 cm Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

Con todo lo anterior, y volviendo al contexto histórico general, podemos aclarar que Adorno se formó  en un período de la historia que, según Eric Hobsbawn (2000), era una transición que consolidaba una nueva visión respecto a los fenómenos de masa y de reflexiones frente al capitalismo moderno. Sus escritos estéticos y literarios con referencias al ensayo son considerados obras de gran importancia para la reflexión filosófica, convirtiéndose en un referente obligado para toda consideración sobre el arte y el surgimiento de la estética como rama especializada de la filosofía. Para Elena Oliveras, Adorno fue no solo un filósofo sino también una persona que realmente sabía de arte: “Formado en música y filosofía, Theodor Wiesengrund Adorno [...] fue, entre los integrantes de la Escuela de Frankfurt, quien más se dedicó a la Estética.” (Oliveras, 2004, p. 301). 

Max Weber. Estación terminal "Grand Central", 1915, Óleo sobre lienzo. 152,5 x 101,6 cm Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid


El contexto histórico alemán en que se forma Adorno estuvo principalmente marcado por un sentimiento de posguerra, propiciando un sobresalto para la conformación de un vigor individualista y racional propios de la ya consolidada burguesía. La característica más importante de este periodo fue la decreciente valoración del artista y de su autonomía, no como estudioso o académico del arte sino como productor y responsable de una mercancía que es producto de su capacidad individual. Esta característica se trasladará al campo de la literatura y de la música en los análisis de Adorno. A principios de siglo XIX, Alemania se encontraba en pleno auge económico y de industrialización, siendo que el fenómeno del capitalismo moderno era estudiado por una gran cantidad de intelectuales. Convulsionada por estos cambios, Alemania se sitúa en medio de grandes potencias económicas como Francia e Inglaterra; el marxismo estaba en auge y pugnaba por alcanzar logros nunca antes vistos (Mommsen, 1987, p. 5). La multitud de movimientos obreros llevaría a la posterior constitución de los partidos comunistas, tal como el Partido Comunista Alemán en 1920. Adorno se forma en medio de todos estas transformaciones nacionales e internacionales; la terminación de la guerra en 1919 concluye con la concepción de la degradación de un humanismo que clamaba por épocas pasadas donde la destrucción no había alcanzado tales cumbres desastrosas.  

Fortunato Depero, Robot con pipa, 1917 - 1920, Gouache sobre papel adherido a lienzo. 67,5 x 52,5 cm Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid


En 1923 se crea en Frankfurt el Instituto de Investigación Social (cuando Adorno contaba con veinte años) que más tarde será conocido como la Escuela de Frankfurt: “[…] los miembros que más contribuyeron a consolidar su orientación crítica fueron: Max Horkheimer (1895-1973), Theodor Adorno (1903-1969), Herbert Marcuse (1898-1979), Walter Benjamin (1892-1940) y Erich Fromm (1900-1980).” (Castañeda, F., Fernández, J., Jacobsohn, et. al., 1996, p. 458) Bajo la influencia de textos como El capital de Marx, La Filosofía del dinero de Georg Simmel y las obras de Max Weber, la Escuela de Frankfurt construyó sus concepciones frente a una nueva realidad no alcanzada a concebir por estos clásicos de la filosofía y de la sociología. Recordemos que la mayoría de intelectuales que conformaban la Escuela de Frankfurt eran de ascendencia judía, por lo que la Escuela tuvo que ser trasladada a los Estados Unidos cuando inició la Segunda Guerra Mundial, hecho considerado como una ruptura y desde el cual comienza a ser denominada como la Segunda Escuela de Frankfurt. 

 Lyonel Feininger. La dama de malva, 1922. Óleo sobre lienzo. 100,5 x 80,5 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.


El arte del futurismo y el expresionismo muestran crasamente el estado del espíritu de la época respecto al desfallecimiento de las esperanzas de los movimientos comunistas (Arato & Breines, 1986, p. 148). En este contexto de guerra, el artista Georg Grosz brindaba su apoyo a editoriales que realizaban colecciones de obras “revolucionarias” como Historia y consciencia de clase de Lukács (escrita en 1923) y Marxismo y filosofía de Karl Korsch (Hobsbawn, 2000). El artista John Heartfield también inició su carrera como pintor expresando en sus cuadros, respecto al ambiente de posguerra e inicios de la Segunda Guerra Mundial, un humor negro propio de los grandes artistas de la guerra.  La crítica y el humor negro de Heartfield, combinado con el expresionismo y el futurismo que representaba distopías de la humanidad son representantes dignos de este período. 
Heartfield, John. (1933) Das Kreuz war noch nich schwer genug [La cruz aún no pesaba bastante]


También podríamos realizar una síntesis de las corrientes filosóficas-literarias más importantes de la siguiente manera: la fenomenología de Husserl y el existencialismo de filósofos como Jean-Paul Sartre consolidaron toda una nueva reflexión filosófica respecto a los desastres de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Encontramos el auge y la consolidación del proyecto de la hermenéutica como reflexión filosófica. La cuestión de la modernidad instrumental se nutre de cada uno de estos elementos y, sin embargo, podría decirse que la crítica al capitalismo moderno de la Escuela de Frankfurt está signada en parte por un romanticismo anticapitalista, relacionado con el desarrollo de una conciencia trágica como consecuencia de un rápido desarrollo en las organizaciones sociales y de la industria (Arato & Breines, 1986, p. 150). Más eso no quita el gran esfuerzo de intelectuales que, como Adorno, veían en ello una oportunidad para realizar análisis que desembocaran en nuevos órdenes que no necesariamente debían ser, en su definición clásica, utopías.  


Referencias bibliográficas


Adorno, Theodor. (2003). El ensayo como forma. En: Notas sobre literatura [Obras completas, 11]. Madrid: Ed. Akal.

Arato. Andrew & Breines. Paul. (1986). El joven Lukács y los orígenes del marxismo occidental. México: Fondo de Cultura Económica.

Castañeda, F., Fernández, J., Jacobsohn, H., Muñoz, G., & Rengifo, B. (1996). La Escuela de Frankfurt. En: Norma. Gran Enciclopedia Temática. (lX, pp. 72-76). Colombia: Norma.

Hobsbawn, Eric. (2000). Revolucionarios. España: Ed. Crítica.

Löwy, Michael. (1978). Para una sociología de los intelectuales revolucionarios. La evolución política de Lukács 1909-1929. México: Siglo veintiuno editores.
Mommsen, Wolfgang. (1987). La época del imperialismo: Europa 1885 – 1918. México: Siglo Veintiuno Editores.

Oliveras, Elena. (2004). Estética. La cuestión del arte. Buenos Aires: Ariel.

Wiggershaus, Rolf. (2009). La Escuela de Fráncfort. México: Fondo de cultura económica.

martes, 15 de agosto de 2017

Vanguardias artísticas del siglo XX



Las vanguardias artísticas, gestadas a partir del siglo XX, pero con un sutil y transitorio comienzo que se vislumbra a mediados del siglo XIX, se consolidaron a la luz de los análisis del arte y de la historia como periodos de grandes cambios en los paradigmas en torno al arte, la filosofía y demás saberes en los que se deja entrever toda la manifestación y la creación humana. Estos movimientos, por lo demás no alejados de su tiempo, de su contexto y de los acontecimientos que demarcaron lo dado por la humanidad, en especial en el continente europeo, movido de por sí por contundentes revoluciones políticas, dieron lugar a unos periodos que, aprovechándose del momento en que se encontraban, engendraron tendencias que pretendían separarse de las tradiciones que imperaban socialmente. Dado que las vanguardias presentaron, a rasgos generales, dos amplios tiempos: una primera vanguardia, que parte de 1848 y culmina en 1945, y una segunda vanguardia que comienza este último año y que data su finalización en 1970, y por la extensión que supone trabajarlas todas, enfatizaremos en esta entrada en las primeras vanguardias.

Dada Matinée, (1923), Theo Van Doesburg.

Las vanguardias artísticas datan del año 1848; sin embargo, tienen su grado máximo de manifestación e importancia como movimiento artístico a partir del 1905, donde se presentan de manera más definida. Son, de manera general, más que una experiencia estética dada, una propuesta que visiona una nueva forma de relacionarse con el arte. En su prólogo al libro: Tema, iconografía y forma en las vanguardias artísticas, de Julia Barroso Villar (2005), Víctor Nieto Alcaide afirma que las vanguardias son nuevos temas para una nueva pintura o una nueva pintura para nuevos temas. Nieto afirma que las vanguardias presentan formas para los conceptos ya dados y a su vez introducen una discusión sobre la representación, de tal manera que no será solo asunto de la figuración sino también de un signo que es por tanto un elemento de significación. Es así como las vanguardias pretenden romper con propuestas establecidas, por lo cual, se les entiende acompañadas de una intención revolucionaria donde se ven implicadas las artes plásticas. A partir de las vanguardias inicia el despojo progresivo de la naturaleza como objeto primordial de imitación, nace entonces el empleo/uso de nuevos criterios, órdenes y propuestas artísticas e intelectuales. A su vez, se entiende a las vanguardias como un periodo de transición violento y completamente tentativo, es decir, que tiene un carácter de ruptura provocador.

Las nuevas inclinaciones e inquietudes artísticas de las vanguardias están estrechamente vinculadas con todo aquello donde se pueda pensar al ser humano, de ahí que una de las iniciativas sea comprender y reconstruir la hegemonía del inconsciente, en especial frente a la obra de arte, así como también establecer los criterios y el papel que juega el arte en la vida del individuo y de la sociedad. No en vano el término vanguardia tiene un origen militar cuyo significado está regido por ideales políticos, luchas y combates. De este modo, se entiende a las vanguardias como un movimiento en constante avance. Así, la forma en que se presentaba el arte en la sociedad estaba motivada por el intento ansioso de transformar el entorno. En otras palabras, la vanguardia guardaba una actitud progresista. A partir de las vanguardias y de su relación con los acontecimientos políticos, surgen tendencias literarias tales como los manifiestos; un ejemplo de esto fue el Manifiesto del Partido Comunista de 1848.

Primera edición del Manifiesto del Partido Comunista, publicado el 21 de febrero de 1848.

El nacimiento de las vanguardias artísticas se ve influenciado y muchas veces condicionado por acontecimientos políticos, en especial por la Primera y Segunda Guerra Mundial (1914-1918; 1939-1945), de donde surgen, respectivamente, las primeras y segundas vanguardias. En los acontecimientos que demarcan la gestación de las vanguardias se encuentra también la constitución de la Segunda y Tercera República Francesa (1848 y 1871), y la Segunda Revolución industrial. A su vez, encontramos la aparición del motor de explosión y publicación de la teoría de la relatividad de Albert Einstein. En campos como el psicoanálisis, se detallan los aportes referidos a la interpretación de los sueños de Sigmund Freud. Igualmente, se cuenta la popularización de la fotografía y el nacimiento del cine como acontecimientos que dan lugar a las Vanguardias. A partir de estos sucesos se logra percibir que las vanguardias están contenidas de una fidelidad a su época, y por ende, se trabaja desde el arte una consciencia histórica, donde queda reflejado el espíritu de su tiempo.

Dado que las vanguardias establecen una ruptura con las tradiciones, ya no se trabaja en este momento sobre conceptos de lo bello, sino que se matiza lo grotesco, lo espontaneo; lo que podría llamarse deshumanizado, lo humorístico, lo metafórico y todo aquello donde quede reflejado lo negativo de una sociedad. Hay que tener presente que así lo condiciona el contexto, pues los artistas e intelectuales de la época muestran un afán por desmitificar la realidad, dejando expuesto el terror, el miedo, la angustia, la incertidumbre y lo bohemio que surge a raíz de las catástrofes.

Five figures on a white brackground, (1920), Varvara Stepanova.

Algunas de las primeras vanguardias fueron el Impresionismo y el Neoimpresionismo. El primero surge en 1874 y el segundo en 1884. Los principales precursores del impresionismo fueron Eduard Manet, Degas, Renoir, Pizarro, Sisley y Cezanne, quienes buscaban capturar la realidad tal y como era dada al instante, atribuyéndole suma importancia a la impresión, de modo que era necesario crear la obra en unas cuantas pinceladas.


Houses of Parliament, (1904), Claude Monet.

Por su parte, el neoimpresionismo estudia más los detalles para la creación de la obra, de modo que pierde espontaneidad. Sus principales precursores fueron Georges Seurat y Paul Signac.

Un Dimanche, (1888), Paul Signac.

En 1910 surge el Postimpresionismo, representado por Vicent Van Gogh, quien, influenciado por las dos primeras corrientes, crea una visión más subjetiva, prefabricada y manipulada del mundo.

The olive trees, (1889), Vincent Van Gogh.

El Fauvismo surge en 1905, representado principalmente por Matisse, Derain, Dufy y Braque; pretende, en primer lugar, cuestionar el arte y su papel como representante de la realidad; para ello, crea un arte subjetivo por medio del cual quedan expresados los sentimientos utilizando el color.

La Danse II, (1910), Henri Matisse.

El fauvismo culmina en 1907, año en que inicia el Cubismo. El cubismo aparece como una reacción al fauvismo, culminando en 1914. Esta vanguardia aspira a romper con el modo renacentista de observar una obra, estableciendo varios puntos de vista sobre una misma representación, haciéndolo posible mediante la creación de una imagen propia de la realidad. Tiene dos momentos de creación: cubismo analítico, donde se pretendía crear análisis de la realidad mediante la exposición de los diversos planos de un objeto. En segundo lugar, el cubismo sintético que, valiéndose del collage, introduce interrogantes sobre qué es lo real y qué lo ilusorio. Sus precursores fueron Pablo Picasso, Juan Gris, Francis Picabia, Franz Leger, Albert Gleizes.

Bottle and Fruit Dish, (1919), Juan Gris.

El Expresionismo, que va de 1905 hasta 1913, tuvo dos grandes grupos de artistas representativos, el primero se conoce como Die Brücke, que en nuestra lengua traduce el puente, conformado por artistas como Ernest Kirchner, Fritz Bleyl, Erick Heckel y Emil Nolde. El otro grupo se conoce como Der blazer Reiter y se traduce como el jinete azul, compuesto por Vasili Kandisky, Alexei Van Javlenski, Gabriele Munter, Franz Marc y Paul Clee. El expresionismo trata de dar al espectador una visión de los sentimientos y estados de ánimos del artista a partir de la forma, el color y las texturas.

El grito, (1893), Edvard Munch.

El Futurismo por su parte se manifestaba en una conexión política e ideológica que pretendía operar a favor del cambio de las sociedades. Como vanguardia artística, surge en 1909 y culmina en 1914. Sus técnicas estaban basadas en crear la sensación de velocidad, movimiento y dinamismo en los elementos de la obra. Como tendencia literaria, dio lugar a manifiestos. Sus principales representantes son Merinetti, Humberto Boccioni, Carlos Carrá, Gino Severini y Giacomo Balla.

Forces of the street, (1911), Humberto Boccioni.

El Dadaísmo nace en 1915 con Marcel Duchamp, quien pretendía, a partir del uso de elementos industriales, ridiculizar la visión burguesa de estos objetos, haciéndolos pasar por arte por el sencillo hecho de estar contextualizados en los museos. Con esto, se busca estar en contra de todas las normas sociales, morales e incluso estéticas. El movimiento se presenta como destructor, anarquista y en muchos aspectos nihilista. Otros exponentes fueron Hans Arp, Francis Picabia, Max Ernst y Man Ray (fotógrafo); culmina en 1922. 

Bottle Rack, (1914), Marcel Duchamp.

El Suprematismo nace en 1915 y culmina en 1919. Su principal exponente fue Kazimir Malevich. Con el Suprematismo se busca la sensibilidad pura del arte a partir de un lenguaje plástico completamente nuevo, se buscaba trabajar desligado de cualquier influencia figurativa o técnicas previas. En esta tendencia se rompe completamente con la imitación de la naturaleza. Su característica principal se encuentra en el uso de figuras geométricas con colores saturados entre matices acromáticos.

Suprematismo, (1915), Kazimir Malevich.

Por otra parte, se encuentra el Constructivismo, que surge en 1913 y finaliza en 1920. Presenta un desarrollo paralelo con el Suprematismo, y por ende comparten aspectos similares. El constructivismo buscaba cargar la obra con el mayor contenido político e ideológico posible. Las obras del constructivismo presentan una unión entre tres artes, a saber: la pintura, la escultura y la arquitectura. Sus principales representantes fueron Vladimir Tatlin, El Lissitzky, Antón Pevsner y Naum Gabo. 


El Lissitzky Completion, (1927), Vladimir Mayyakovsky.

Una vanguardia fuertemente influencia por el constructivismo es el Neoplasticismo, que tiene su origen en 1917, a partir de las obras de Theo Van Doesburg y Piet Mondrian. Éstos se esforzaban por suprimir la naturaleza y los objetos comunes como representación. Para lograrlo, recurrieron a formas geométricas puras matizadas por colores saturados.

Boogie Woogie, (1942), Piet Mondrian.

El Surrealismo nace en 1924 y culmina en 1939. En él, los intelectuales intentan comprender la profundidad psíquica del hombre, ya sea por medio de sueños o por análisis del inconsciente. Es una tendencia fuertemente influenciada por las aportaciones en torno al psicoanálisis de Sigmund Freud, de donde se concentran las bases científicas e ideológicas del movimiento surrealista. El surrealismo tiene dos grandes grupos: se parte del surrealismo figurativo y del surrealismo abstracto. El primer grupo se encuentra constituido por artistas como Max Ernst, René Magritte, Dalí y Chagal; con él se pretendía analizar desde una óptica formal, es decir, no se abandona la referencia real de los objetos. El segundo grupo se encuentra compuesto, entre otros, por Yves Tanguy, Miró, Klee y Hans Arp; tal movimiento sí buscaba la total deformación de los puntos de referencia de los objetos, pues la idea era significar nuevas cosas a partir de objetos ya conocidos.

Art of Living, (1962), René Magrite.



Referencias bibliográficas

Vanguardias artísticas del siglo XX (selección): anotaciones tomadas de Enciclopedia Británica.
Barroso Villar, Julia. (2015). Tema, iconografía y forma en las vanguardias artísticas. Castrillon.