lunes, 17 de julio de 2017

La Belleza en la Posmodernidad


Una de las cosas que más ha ocupado a los análisis estéticos sobre el arte es la idea de belleza. Como resalta María Francia Fonseca (2013): "(...) desde la Antigüedad hasta la actualidad la belleza ha dado vueltas en la cabeza de los grandes pensadores y artistas." Desde las conceptualizaciones socráticas en las que no hay un pensamiento estético determinado, pero sí una reflexión sobre el artista, se ha logrado, si se mira de un modo lineal, construir en cada época, acorde a contextos y acontecimientos históricos, un concepto o ideal de belleza. Referenciada en las creaciones artísticas, para luego ser tomada por arte, dicho ideal de belleza se presta para ser atribuido a muchas de las manifestaciones humanas, sean éstas en el campo del arte, de la arquitectura, de la ciencia; o en ámbitos conceptuales como la filosofía y la sociología.

La muerte de Sócrates, (1787), Jacques Louis David.

En ese sentido, nos adentramos en la reflexión sobre la belleza, pero esta vez en relación con la posmodernidad; entendiendo así lo que se considera belleza bajo este modo de concebir el mundo. Es desde este punto de vista que se puede considerar mencionar la muerte de la belleza, veamos los motivos.

La belleza ha sido uno de los temas más cuestionados y reflexionado en torno al arte; tiene sus primeras consideraciones en el pensamiento griego, dentro del cual la belleza se encuentra pensada no como una categoría estética, como lo será mucho tiempo después, sino como una reflexión en torno a la naturaleza, el mundo y el hombre. En un primer momento, se le entiende como el grado máximo de perfección, constituida en especial por el orden, la armonía y la simetría; que son los conceptos básicos con los que se va a asociar la belleza hasta la Edad Media. Para Platón, la belleza se encuentra en el mundo de las ideas, donde están las copias originales de todas las cosas que constituyen el mundo sensible. Con los pitagóricos la belleza será entendida bajo los preceptos de las leyes de las matemáticas, pues éstas constituían, para ellos, las consideraciones exactas para entender el mundo. En la Edad Media el concepto de belleza se mantiene asociado a las consideraciones aristotélicas, pero con unos valores religiosos agregados, a saber, será entendida en relación al orden y la luz; la luz porque representa una manifestación de la divina providencia, motivo por el cual, más tarde, será asociada a valores morales como lo bueno, que es otra de las categorías estéticas de donde se desprende lo bonito, lo agradable y lo sublime (Oyarzun, 2013, pp. 67-98).

The Birth of Venus, (1863), Alexandre Cabanel.

Posteriormente, y en medio del auge de la Ilustración kantiana, la belleza será pensada a partir del sujeto, es decir, las consideraciones en torno a lo bello serán dadas por unas facultades del individuo, donde tiene lugar una experiencia de la belleza no como propiedad del objeto sino como propiedad del gusto, de donde se desprende el juicio. El gusto va a estar dado por el placer o displacer al observar una obra de arte.

Lo que nos ocupa ahora es definir la belleza en la posmodernidad, entendido este periodo como punto de partida de un proceso de individuación, sujeto a grandes cambios que dejan en evidencia el rechazo y la ruptura con los valores de la tradición. La tecnología juega un papel importante en lo posmoderno; así como también el reconocimiento, la moda y los medios publicitarios y reproductivos del arte. El arte en la posmodernidad se define por el desinterés y la apatía a todo aquello que se encuentra aceptado por la sociedad (para un modo de conducción en estas lógicas, véase la conducta blasé). De esto son evidencia las vanguardias artísticas, que se gestan, en una primera fase, en 1848, año que se entiende y delimita regularmente como parte de un periodo e ideal moderno; y una segunda fase en 1945, en lo que se ha denominado posmoderno, que es de donde surge el arte minimalista, el arte conceptual, el arte abstracto y el arte ecológico. Jean-Francois Lyotard (1986), explica que lo posmodemo sería aquello "(...) que se niega a la consolación de las formas bellas, al consenso de un gusto que permitiría experimentar en común la nostalgia de lo imposible." Se comprende que, en la posmodernidad, en primer lugar, no existe como tal una idea de belleza. En segundo lugar, como ya se ha resaltado, la posmodernidad, más que un periodo, es en sí misma un modo de entender la realidad, es en tal sentido que surgen las rupturas y quiebres conceptuales, siendo que el artista recrea la realidad que vive.



123454321+, (1971), Sol LeWitt.

Una de las figuras artísticas más influyentes fue Marcel Duchamp, quien marca un distanciamiento entre el arte moderno y la forma de concebir el arte a partir de la posmodernidad. Se busca en esta esfera suprimir toda búsqueda de la belleza, de representarla o siquiera dejarla entrever. Se comienza a evaluar el arte a partir del disgusto y el impacto conceptual que cause en el espectador. Por esta razón se afirma con Hegel que el arte ha muerto, pues no busca fines, sino que se consolida como un medio para la reflexión. La belleza en este punto se desliga totalmente de las representaciones perfectas de la realidad, por medio de vanguardias como el suprematismo o el neoplasticismo. El arte en la posmodernidad se separa de la naturaleza como objeto de imitación; a partir de entonces no hay un canon de belleza, relegado a la moda, a la propaganda y a los espacios de orden comercial, como una sátira a la vida burgués. El artista posmoderno rompe con los ideales de la ilustración, emplea nuevas técnicas y usa nuevos materiales para su creación artística. Así, nacen los performances y los collages, como modos de hacer arte y de crear ingentes visiones sobre la realidad.


Referencias bibliográficas


Oyarzun, Pablo. (2013). Categorías estéticas. En: Xirau, Ramón Sobrevilla, David. (Eds) Estética. Madrid: Ed. Trotta.

Mukarovsky, Jan. (1977). El arte como hecho semiológico. Tomado de: Escritos de estética y semiótica del arte. Editor: Gustavo Gili S.A., Barcelona.

Sontag, Susan. (1984). Contra la interpretación. Traducido por Horacio Vázquez Rial. Ed: Seix Barral, Barcelona.

Lyotard, Jean-Francois. (1986). La posmodernidad explicada a los niños. Éditions Galilée: París. Traducción: Enrique Lynch. Primera edición: enero de 1987, Barcelona, Primera reimpresión noviembre de 1987.

Fajardo, Carlos. (2001). Estética y posmodernidad. Nuevos contextos y sensibilidades. Ediciones Abya-Yala: Quito-Ecuador.

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